No recuerdo desde cuando, pero sé que hace muchos años que sigo la Fórmula 1. Durante ese tiempo, se han ido muchos pilotos, algunos que me gustaban, otros que no me caían especialmente bien, otros que me resultaban más o menos indiferentes… Pero hay algo dentro de ese mundo que permanece con el paso del tiempo: Antonio Lobato.
Cuando intento recordar si hace unos años Lobato me caía bien o mal, parece que ese tipo de recuerdos los he perdido con el paso de los años. Pero ahora mismo tengo claro que su papel dentro de este deporte es más algo de “costumbre” que de necesidad. Con esto quiero decir, y que nadie se ofenda, que Antonio Lobato cumple un papel que otros periodistas podrían cumplir igual e incluso mejor.
Aunque es obvio que Lobato entiende mucho de Fórmula 1, algo que por otro lado, casi cualquiera puede conseguir con tiempo y esfuerzo, a veces sus comentarios hacen que muchos aficionados a este deporte terminen por ver de un modo negativo a ciertos pilotos, como puede ser el caso de Hamilton, Raikkonen… Evidentemente, tiene todo el derecho del mundo a dar su opinión, qué duda cabe, pero siempre desde el respeto, y sobre todo siendo consciente de que todas las palabras que pronuncia tienen un efecto en una gran masa de personas que le admira y le sigue. Por tanto, debería tener más cuidado cuando hace ciertos comentarios, ya que de ese modo condiciona a muchas personas.
Es cierto que no comparto todas las opiniones que tiene Lobato, pero desde luego sí estoy de acuerdo con él en ciertas cosas, por lo que no estoy criticando ni su punto de vista de la Fórmula 1, ni su labor como profesional. Únicamente creo que en determinadas ocasiones se sale de su papel de periodista para parecer más un fanático de este deporte, y ahí está el error en el que caen muchísimos periodistas deportivos (especialmente en el fútbol, tema del que hablaré en otro momento).
Por ello, dejemos que cada uno tenga su opinión sobre cada piloto, independientemente de que sea buena o mala, pero como periodistas debemos darnos cuenta de lo mucho que puede influir nuestra opinión en la mentalidad de la gente.
Y no digo que Lobato sea malo, digo que se podría prescindir de él. Y muchos dirán: “La Fórmula 1 no sería lo mismo sin él”, pero, ¿por qué vemos las carreras? ¿porque está él, o porque nos gusta este deporte?
Aunque está claro que es uno de los símbolos de la Fórmula 1 en nuestro país, por lo que imagino que aún le quedan unos cuantos años acompañándonos en cada carrera.
De todos modos, os dejo con una pequeña reflexión…Si tanto nos gusta la Fórmula 1, pensemos en cómo mejorarla, no en cómo hacer que se quede como está.

